El gran dilema: ¿sirvo o me sirvo?
Fuente: Blog Sin Legajo.
¿Cuántas veces
hemos oído o leído que los pobladores de zonas rurales inhóspitas arriesgan su
vida para cruzar los ríos o subir los cerros, debido a que se malversó el
presupuesto destinado a la construcción de puentes y carreteras; o que se
promulgaron leyes nuevas con el fin de favorecer intereses particulares,
afectando directamente los derechos fundamentales de los ciudadanos? La
respuesta es varias veces, no se pueden negar esas situaciones habituales que
han obstaculizado el progreso del Perú.
Ante este
panorama surge una incógnita trascendental ¿por qué hasta el momento no hemos
podido solucionar esos óbices? La respuesta es porque aún existe corrupción
enraizada en nuestro aparato estatal. Nuestros funcionarios públicos,
especialmente los que ejercen la función ejecutiva y legislativa, siempre se les
ha presentado un dilema “sirvo o me sirvo”, siendo así que muchos de ellos han escogido
la segunda opción, de manera que han ido utilizando indebidamente el poder que
se les ha otorgado.
La
tergiversación de la función pública se ha convertido en un fenómeno generalizado
a gran escala que está asolando a nuestras instituciones públicas a vista y
paciencia de sus ciudadanos, como las termitas que proliferan y carcomen la
madera sigilosamente. No obstante, cabe
hacernos una última pregunta, ¿es posible erradicar la corrupción? o siendo
consecuentes con la metáfora ¿se puede exterminar esta plaga? ¡Sí se puede!
Para encontrar
la solución no necesitamos hacer esfuerzos hercúleos o ser alquimistas sino ser
reflexivos, estratégicos e innovadores, y sobre todo tener la voluntad para desempeñarnos como fumigadores. Si queremos
desincentivar la indebida praxis política, será necesario utilizar la tecnología
para crear un “Sistema de Alerta contra Prácticas Corruptas”, mediante el cual
se realice un seguimiento a los resultados organizacionales que han logrado los
funcionarios públicos, y se visualicen los procesos administrativos y penales
sobre defraudación al Estado, específicamente los avances en la ejecución de
las sanciones legales. Si bien es cierto, se generarán costos sociales, de información y seguridad; sin embargo,
éstos son inferiores a los beneficios que se obtendrán, puesto que con la
activación de este mecanismo se evitará la impunidad y se contribuirá a que la
vigilancia ciudadana sea más eficaz.
Además, para
que existan funcionarios públicos con verdadera vocación de servicio, será
necesario invertir en educación, para ello se deberán fundar “Escuelas de
Formación Política”, las cuales especialicen en: gestión pública, ética,
realidad nacional y pensamiento político; y permitan realizar prácticas en las entidades
públicas de nuestro país. Como dijo Ian Robertson, reconocido psicólogo escocés:
“La educación hará que tengamos líderes que ganen inteligencia cuando ganen
poder”.
Finalmente, es
momento que tengamos funcionarios incoherentes, es decir, que no continúen con
la herencia de la corrupción. Luchar contra la corrupción será un trabajo arduo
y a veces agotador; no obstante, con la cooperación de los unos y los otros lograremos
cambiar de paradigma político. ¡Muy pronto llegará el amanecer para todos los
peruanos!

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