Ciudadanos sin vendas en los ojos: Mecanismos de participación ciudadana en tiempos de COVID-19
Publicado: el sábado 11 de junio de 2020, por el Diario Panorama Cajamarquino.
A
inicio del año 2020 quién hubiera dicho que un virus microscópico, desconocido
y foráneo sería capaz de dar un giro de 360° a la vida de los ciudadanos
peruanos. El COVID-19 llegó sin invitación al Perú, pero no con la finalidad de
hacer “turismo” sino para “nacionalizarse”, y es que al parecer nuestro país
sigue siendo un destino tan cautivador, afable y generoso que no pudo negarse a
dar acogimiento a quien tocó su puerta. El COVID-19, encontró al Perú con
fallas estructurales, tales como: el sistema de salud colapsado, de educación
con desigualdad en oportunidades y brecha tecnológica, de trabajo con más del 71.1% de informalidad (Diario Oficial El Peruano, 2020), de pensiones
desnaturalizado como un ahorro obligatorio a corto plazo, entre otros; y es que
este status quo ha sido el resultado de otros problemas como: la
corrupción, la centralización, la implementación de políticas públicas y
promulgación de leyes contrarias a la realidad, y de una convivencia con
individualismos.
Por
lo mencionado, a prima facie, pareciera que la responsabilidad de ello debería
ser atribuida solo a nuestros funcionarios públicos, entre ellos: el Presidente,
congresistas, gobernadores, alcaldes, etc.; sin embargo, para conocer la otra
cara de la moneda, debo hacer mención al artículo 31 de la Constitución
Política de 1993, el cual establece que los ciudadanos pueden involucrarse en
el bien común no solamente mediante el ejercicio de su derecho a ser elegidos y
elegir, sino también a través de la presentación de proyectos legislativos,
rendición de cuentas, vigilancia ciudadana y presupuesto participativo; cabe
señalar que, estos derechos con el transcurso del tiempo se han convertido en
deberes (dicotomía derecho-deber) debido a la transición de un sistema
democrático representativo a uno participativo. De ahí que, los ciudadanos han
adquirido responsabilidad sobre los problemas públicos –no se los puede eximir
de esta– por lo que su apatía por el bien común también debería ser considerada
como la causa de los problemas estructurales (afectación de derechos
fundamentales). Es menester traer a colación una conocida frase “así como miden
con una vara así también deben ser medidos con la misma”.
Ahora
que el COVID-19 ha forzado el cambio, corresponde a los ciudadanos adaptarse a una
sociedad digital, es así que para que cumplan con sus deberes, se les exige
adquirir y desarrollar conocimientos y capacidades en tecnología de la
información y comunicación –si en un comienzo se veía futurista se convirtió en
un presente innegable– es así que deben dejar de lado sus límites personales
que los hacen ser reacios al aprendizaje nuevo y otorgar un poco de tiempo para
inmiscuirse y solucionar los óbices estatales; como ha sido relegada la
presencialidad a un segundo plano, es momento de cumplir con los deberes
haciendo uso de plataformas virtuales que proporcione el Estado. Para coadyuvar
con este fin, los funcionarios públicos deberán involucrarse posibilitando los
medios, para ello tendrán que modernizar la infraestructura de
telecomunicaciones no solo en las zonas urbanas sino primordialmente en las
zonas rurales, dando preminencia para su utilización a los sectores de salud,
educación y trabajo; promover una eficiencia del mercado tecnológico a través del
cumplimiento del derecho de libre competencia y protección al consumidor; habilitar
el acceso a plataformas digitales del Estado no solamente en idioma castellano
sino también en quechua, aimara, etc., y extender sus servicios digitales
(realización de trámites y acceso a la información) a los mecanismos de
participación ciudadana (presentación de proyectos legislativos de iniciativa ciudadana
y rendición de cuentas en formato virtual), ello debe ir acompañado de una
capacitación especializada y libre.
Esta
oportunidad de modernización que da el COVID-19 para cohesionar voluntades
mediante la tecnología, no debe ser desaprovechada. Es momento que los
funcionarios públicos transparenten sus actos y sinceren su relación con los
ciudadanos, y que los ciudadanos comiencen hacerse cargo de la situación
pública y dejen de sentirse ajenos a la problemática siendo más propositivos sobre
las reformas estructurales.
Próximos a cumplir el tercer mes de aislamiento social, solo me queda expresar que el COVID-19 ha sido aquel que nos ha quitado la venda de los ojos sobre la nefasta situación pública que atraviesa el Perú, ahora depende de nosotros como ciudadanos escoger entre mantener los ojos cerrados o abrirlos de una vez para accionar a favor de una causa común que es un progreso igualitario y sostenible que tenga como prioridad los derechos fundamentales; como menciona el Dr. José Ugaz (Exprocurador ad hoc en el Caso Fujimori y Montesinos) para solucionar los problemas estructurales del Perú “se necesita un liderazgo ético al más alto nivel que dé ejemplo de coherencia entre lo que se dice y hace”, qué mejor manera que ese liderazgo ético empiece por los ciudadanos cumpliendo con sus derechos y deberes haciendo uso de los mecanismos de participación mediante las tecnologías de la información y comunicación. El porvenir es incierto, empero, mantengamos la esperanza en que juntos saldremos de esta situación sombría y realizaremos un cambio perdurable.

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