¡A vista y paciencia de todos!
Dibujo propio de: Blog Sin Legajo - Julissa Vásquez R.
Si Antonio Raimondi estuviera aún con vida no hubiera tardado en actualizar su frase célebre “el Perú es un mendigo sentado en un banco de oro”. Una vez más la cruda realidad por la que atravesamos nos demuestra una verdad que como nación no hemos querido ni tenemos la intención de asumir “el Perú sigue siendo un mendigo que, desde hace muchos años, dejó de tener un banco de oro”, ello debido a que, en cada elección los peruanos cometemos un acto de traición, entregando a nuestro Perú al mejor demagogo, populista e impostor, quien con un plan de gobierno insustancial y ajeno a la realidad logró manipular y obtener una gran cantidad de votos.
El día de mañana –once de abril de dos mil veintiuno–
no será la excepción, sin embargo, las circunstancias serán distintas, puesto
que, entregaremos a nuestro Perú con las manos atadas, indefenso, pobre y
decaído por la pandemia del COVID-19 y la corrupción (las cuales han dañado de
forma severa y progresiva sus sistemas vitales), a quien no le tiene un mínimo
de respeto y consideración, porque lo aprecia como una simple fuente de
enriquecimiento.
En los próximos días o meses (solo si se realiza una
segunda vuelta electoral), cuando conozcamos quien es el “mal menor de todos
los peores”, surgirá el conocido cuestionamiento ¿por qué no emitimos un voto
consciente y responsable? ¿acaso tan difícil fue revisar los planes de
gobierno y hojas de vida para tomar una decisión? sin embargo, para ese momento
habremos ensayado una justificación perfecta “no había escapatoria, han sido
los pseudo partidos políticos que condicionaron nuestro voto, haciéndonos
elegir dentro de una lista cerrada —que no tenía una opción ideal— a candidatos
improvisados, endebles, sin conocimiento, capacidad de decisión, con
principios y valores que flaquean al ver a ese ‘banco de oro’”. Tal vez lo
último sea cierto, sin embargo, nuestro reproche será todavía mayor, porque aun
conociendo que nuestra voluntad estuvo agotada desde un primer momento,
permanecimos empeñados en participar de una “elección democrática”.
Cuando veamos realmente las consecuencias a futuro de
lo que significó –lo que llamamos hipócritamente– ese “voto auténtico”, solo
nos conduciremos como –en varias ocasiones lo hemos hecho– desentendidos o, si
nos queda un poco de vergüenza, preocupados e indignados, y por fin trascenderá
la típica pregunta protectora de toda incriminación ¿Acaso nos vieron la cara
nuevamente? pero muy en el fondo sabremos que fue realmente nuestra
responsabilidad por no haber tenido el coraje para asumir los verdaderos
desafíos del Perú; como ciudadanos no nos esforzamos en conocer realmente
nuestros derechos y deberes, asimismo, en involucrarnos verdaderamente en los
asuntos públicos mediante los mecanismos de participación ciudadana o
fortalecimiento de la institucionalidad de los partidos políticos, toleramos o
aplaudimos actos de corrupción, puesto que, siempre hemos visto con ajenidad nuestros
problemas y pensado que otros son los llamados a asumirlos y resolverlos
en un plazo corto, o como lo han llamado “hacernos el gran favor” sin
importarnos el cómo lo hagan. Como se habrán dado cuenta son contrariedades las
que existen y no queremos entenderlas, tal vez porque sabemos que el espejo
tiene dos caras.
Es probable que el gobernante que tengamos sea el
que merezcamos, dime cómo es tu gobernante y te diré cómo son sus ciudadanos,
no obstante, pese al destino desventurado que se aproxima, no debemos olvidar
que lo importante radica en que –incluso cuando la caja de pandora haya sido
abierta– la esperanza aún permanece en el cambio verdadero que se pueda
realizar de manera colectiva. En los próximos comicios electorales, el panorama
debe ser distinto y no tendrá por qué existir argumento para exentarnos de
culpa por los óbices no solucionados del Perú, solo ello sucederá si como
ciudadanos verdaderamente reconocemos que tenemos el poder absoluto de control
sobre nuestros representantes y actuamos opuestamente a lo expuesto en párrafos
anteriores. Tengan presente siempre “lo que le suceda al Perú por nuestros
actos u omisiones recaerá en nuestra conciencia y repercutirá inevitablemente
en nuestras vidas”.
PD.: Si esperaban encontrar en esta opinión una fórmula
para solucionar los problemas del Perú, solo puedo decirles, a buen entendedor
pocas palabras.

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